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Proceso avanzado de purificación
A lo largo de nuestra infancia, al estar expuestos a la prueba del sufrimiento, del miedo o de la soledad, generamos mundos ilusorios para escapar de la realidad cotidiana demasiado dolorosa. Éstos suponen una fragmentación de nuestra esencia por medio de juegos ficticios que debieran traernos amor, alivio y seguridad. Estos escenarios interiores y, para la mayoría, totalmente inconscientes esconden personajes, fantasmas y guiones cambiantes. Disimulados en cuartos secretos en lo más profundo de nuestro ser, actúan a nuestras espaldas hasta ser descubiertos y desmantelados. Acontecimientos precisos o ciertas interacciones con el prójimo provocan y reactivan esas ficciones escondidas en cualquier momento de nuestra vida de adulto. Esos pensamientos, emociones y comportamientos prisioneros en el seno de nuestro inconsciente engendran estrategias particulares de supervivencia, mecanismos de defensa que se transforman en costumbres, automatismos o, como los denomina el Eneagrama, compulsiones. Nos volvemos, desde ese momento, dependientes de esos condicionamientos que forjan nuestra personalidad. Confrontados a cualquier situación innovadora o desestabilizadora, nos restringen sistemáticamente el acceso a la libre elección de las actitudes más adecuadas y nos empujan a reproducir siempre las mismas. Un procedimiento de desvío repetitivo y estéril. Niños, más tarde adultos, nos volvemos desde entonces tributarios de nuestras Construcciones, Bóvedas o Depósitos con la esperanza secreta de que nos protejan del dolor, del miedo o del aislamiento prodigándonos alegría, amor y consuelo.
Las representaciones confinadas en esos cuartos se parecen a sueños desvelados, que traducen el sentimiento del Niño Interior cuando se encierra allí. Esos espacios cerrados no permiten al niño escapar para distanciarse y analizar la causa que los ha generado. Los pensamientos del Niño y los mecanismos resultantes no han sido establecidos de manera objetiva y neutra. Esas cámaras llenas de suposiciones arbitrarias y a largo plazo auto-destructivas atraen hacia nosotros situaciones y gentes nefastas, esto es, la exteriorización de nuestras propias creencias.
La Terapia Ro-Hun tiene como misión acceder a esos «chips electrónicos» instalados en nuestra psique, en el cuerpo emocional y en el cuerpo físico del Niño Interior, para recodificarlos o erradicarlos para el bienestar del adulto. El Proceso Avanzado de Purificación limpia lo mental o el 6º chakra de cualquier forma-pensamiento negativa originada en nuestra infancia. Depura el corazón de los siguientes miedos: miedo al vacío, miedo al abandono, miedo al fracaso, miedo a la muerte. Libera finalmente los 3 primeros chakras de los sentimientos de traición, de abuso, de cólera y de los deseos de muerte.
Estos cuartos proponen zonas o cobijos secretos, alejados de críticas y de juicios hirientes del mundo exterior que nos rodea. Exponerlos a la luz supone divulgar la forma en que afectaron o afectan todavía a nuestra existencia, de manera que ya no aspiraríamos a volver allí. Por consiguiente, somos entonces libres para penetrar o no con todo conocimiento de causa; una elección deliberada y ya no obligatoria. No obstante, para evitar refugiarnos en estos mecanismos automáticos de defensa, tenemos que desarrollar la capacidad de identificarlos, de observar las causas y los esquemas correspondientes. Estos esquemas, una vez definidos con claridad, permiten concienciarnos de la concatenación que nos empuja a pasar de una a otra construcción, bóveda o depósito.
Las 7 Visiones de Uno Mismo constituyen un prerrequisito importante para poder abordar con objetividad el Proceso Avanzado de Purificación. Cada percepción o visión de uno mismo está representada por un personaje relativo al chakra al que se refiere y que detenta su propia inteligencia, sus propios deseos y su propia voluntad de acción. Personajes que existen en su mayoría independientemente unos de otros. Su falta de comunicación y de cooperación supone todo tipo de disonancias y conflictos interiores inconscientes. Es por tanto indispensable haber reinstaurado anteriormente la armonía y la colaboración entre estos diferentes aspectos de nosotros mismos, antes de poder beneficiarse del Proceso Avanzado de Purificación, ya que son ellos los que forjan nuestra personalidad.
DESCRIPCIÓN DE LAS SESIONES:
Este proceso difiere completamente del trabajo de Purificación o de Transformación y sólo puede ser realizado por un doctor en Ro-Hun. Semejante al análisis, a razón de una sesión por semana o de tres sesiones consecutivas según los casos, la primera sesión revela nuestras Construcciones Mentales, la segunda nuestras Bóvedas Emocionales y la tercera nuestros Depósitos Físicos establecidos durante la elaboración de nuestra personalidad a lo largo de nuestra tierna infancia. Estas sesiones tienen que estar programadas en una mañana o en una tarde según su duración (una media de 4 horas). Cada una incluye una relajación, una búsqueda interior y después una conversación apoyada por dibujos. La conversación es primordial. Permite integrar las tomas de conciencia aparecidas durante las sesiones.
1.- LAS CONSTRUCCIONES MENTALES:
Estos mecanismos de defensa o Construcciones Mentales representan los únicos recursos disponibles a lo largo de nuestra infancia para protegernos y tranquilizarnos ante la proximidad de un acontecimiento estresante. Por definición estos reflejos condicionados, ni buenos ni malos, nos ofrecen la posibilidad temporal de soportar los incidentes dolorosos de nuestra existencia para darles un sentido aunque sea imaginario. No es menos cierto que estas Construcciones Mentales, que son 4, no constituyen más que paliativos a la realidad, filtros artificiales, refugios ilusorios. Las 4 fases son interdependientes y llevan en ellas esquemas limitativos y traumatismos personales importantes y reveladores. Forman los 4 actos de una obra de teatro ficticia, continuamente interpretadas a puerta cerrada. Resultan de lo mental definiendo el guión de esta puesta en escena. El Niño Interior construye de este modo «retiradas» en las cuales puede experimentar su dolor a su manera (escaparse, hacer lo que le apetece, imaginar un mundo mejor, etc.). Cuando vamos creciendo, en el momento en que surge una amenaza exterior, intentamos evitarla cobijándonos en espacios engañosos en el seno de los cuales creamos nuestras propias interpretaciones de la realidad. Estos escenarios engañosos nos proporcionan el sentimiento ilusorio de estar momentáneamente a salvo. Por consiguiente, estas Construcciones Mentales no encierran las situaciones reales vividas, sino versiones imaginarias, escapatorias. Su culminación permanece invariablemente idéntica y repetitiva. El Niño Interior intenta así controlar las energías psíquicas, emocionales y físicas que encuentra. Busca definirse en un mundo inquietante, desesperanzador, incluso aterrador y de pesadilla.
2.- BÓVEDAS EMOCIONALES:
Las Bóvedas Emocionales propias del chakra del corazón derivan directamente de las Construcciones Mentales y contienen las emociones que les están asociadas. De igual modo que el sufrimiento constituye el motor de la manifestación de nuestras construcciones, el miedo es la fuerza motriz en el origen de nuestras Bóvedas Emocionales. Estas últimas conllevan los miedos a la nada, al abandono, al fracaso, a la muerte. Son 4 y revelan otras puestas en escena que reflejan el estado emocional del niño en el momento de ser creadas.
3.- DEPÓSITOS FÍSICOS:
Los Depósitos Físicos descubiertos en los tres primeros chakras contienen: los abusos, el odio, el deseo de muerte, el engaño o la traición. Las creencias grabadas en los Depósitos Físicos nos revelan el modo en que nuestras dificultades íntimas afectan a nuestro cuerpo físico. Enterrados en lo más profundo de nuestro inconsciente, esconden pensamientos y emociones limitativos poderosos, energías de baja frecuencia vibratoria que se animan a fuerza de ser alimentadas. Mundo subterráneo y oscuridad, origen de un buen número de nuestros males físicos, de nuestras enfermedades y de nuestros desórdenes celulares, los Depósitos introducen nuevas historias imaginarias que reflejan nuestro estado físico en el momento de ser creadas. Desde el momento en el que penetramos en una Construcción Mental, a ésta le son asociados automáticamente una Bóveda Emocional y su miedo correspondiente, al igual que un Depósito Físico y su repercusión. En otros términos, a cada Construcción se le atribuye una Bóveda y a cada Bóveda un Depósito.
Los Depósitos Físicos son 8. En los 4 primeros somos la víctima de los demás. En el seno de estos depósitos se disimulan otros 4 cuartos más pequeños donde somos victima de nosotros mismos.