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El «Split-Baby» o síndrome de separatividad

«Mi aventura con la Terapia Ro-Hun me llevó a curarme de un trauma que ningún psicólogo o psicoanalista que yo conozca ha sabido sacar a la luz de esta forma. No se trata de una deficiencia de la personalidad estudiada tradicionalmente en psicología, sino más bien de una fragmentación del alma. Este mal podría denominarse síndrome de separatividad o, tal como se le llama en el marco de la terapia Ro-Hun, el "Split-Baby"». Extracto del libro «El corazón tiene razones que la razón ignora».


EL SPLIT-BABY CLÁSICO DE LA TERAPIA RO-HUN

El proceso del «Split-Baby» tal y como se practica y enseña en la Universidad de Delphi se desarrolla en el marco de la primera de las 3 sesiones de base en el chakra. Consiste en:

- Sumergirse en el universo cerrado del vientre de nuestra madre durante la gestación para recordar sensaciones, pensamientos, emociones sentidas durante ese periodo tan crucial de nuestra existencia.
- Definir y describir las creencias, los modos de defensa, los Yo-Reaccionarios instaurados, los posibles traumatismos experimentados antes del nacimiento, los lazos de dependencia establecidos con nuestros padres.
- Concentrarse hacia el exterior de la envoltura uterina buscando, en un entorno próximo, un bebé luminoso, símbolo poseedor de nuestra integridad y del amor incondicional respecto a nosotros mismos, que ha permanecido alejado de nuestro corazón y de nuestra encarnación terrestre actual.
- Invitarle a volver al vientre de la madre para permitir a esas dos partes fundamentales de uno mismo percibir la diferencia, el bienestar, el espacio y la seguridad que se originan cuando éstas se encuentran.
- Decidir conscientemente la integración de ambas, auténtico injerto energético que facilita la expresión del amor incondicional de uno mismo y de los demás.
- Experimentar un nuevo nacimiento desprovisto de miedos, de sufrimientos y de bloqueos para anclarse plenamente en la Tierra y aceptar plenamente esta nueva existencia.


EL SPLIT-BABY O SÍNDROME DE SEPARATIVIDAD DE KA REN

El fracaso, durante mi propia exploración, del método clásico anteriormente descrito me ha empujado a buscar la causa. A lo largo de mis búsquedas, me he dado cuenta progresivamente que esta fragmentación del alma y del corazón no provenía inicialmente de nuestra actual encarnación sino de un traumatismo mucho más antiguo. Un traumatismo que resulta de la sobre-identificación de nuestra conciencia con la realidad material origen de nuestras múltiples reencarnaciones, y también de una amnesia, de una atrofia de nuestra verdadera identidad y de la reclusión de nuestro amor incondicional —la llama interior de nuestro corazón— dentro de una burbuja protectora ilusoria. Una defensa energética que debería neutralizar temporalmente el sufrimiento engendrado por nuestra interpretación muy personal de este olvido de nuestra naturaleza real y divina: traición, miedo, culpabilidad, fracaso, abandono, cólera, indignidad, exclusión, fatalidad, etc.

A lo largo del tiempo esa burbuja protectora, convertida en una cárcel, nos ha impedido llegar a la gruta sagrada de nuestro corazón a la que se referían las tribus indias, o expresar este amor puro, libre e incondicional. La burbuja ha engendrado un aislamiento devastador, a la vez interno y externo, un estancamiento de la conciencia y del alma, empujándonos a adherirnos a la creencia de que estamos separados de nuestra esencia, de los demás, de la Tierra y del Universo. De este síndrome de separatividad proviene la pretenciosa ilusión de ser los únicos residentes de este último. Una especie de cuarentena impuesta por un consenso colectivo de la humanidad terrestre.

Al principio de mi práctica profesional y de mis descubrimientos, pensaba que sólo algunos seres diseminados por el planeta sufrían esta adicción al sufrimiento proveniente de esta fragmentación del alma, de la escisión y de la reducción de la llama interior a punto de extinguirse. Pero después de haber visto miles de personas desesperadas preguntándome todas por el mismo síndrome, he llegado a la conclusión de que nuestra civilización y sus múltiples desviaciones, así como su marcado egoísmo caricaturesco, expresan las consecuencias desastrosas de semejante escisión entre la conciencia, el alma y el cuerpo. Desde entonces nuestro espíritu, nuestro mental y nuestro ego se han atribuido de forma aleatoria el poder de dominar nuestra existencia vacía de sentido.

Enseguida me di cuenta al desarrollar una técnica muy especializada que se apoya en el proceso clásico del «Split-Baby» que, sin la presencia e indicaciones de un «especialista» capaz de desplazarse con soltura tanto en las dimensiones superiores como el mundo de lo astral, a imagen de los chamanes de culturas ancestrales, nadie puede resolver por si mismo —y a pesar de sus esfuerzos— un traumatismo de semejante antigüedad y envergadura debido a una falta de perspectiva, de datos y de objetividad. La afluencia creciente de personas que manifiestan a distintos niveles las repercusiones de ese «mal» contemporáneo me ha llevado a dedicarme, desde hace 18 años, a la curación activa de lo que he denominado el síndrome de separatividad. Estas personas, distribuidas por todo el globo y que han venido a consultarme con deseo sincero y voluntad, incluso inconsciente, de integrar definitivamente esta experiencia tan dolorosa, tienen en su mano la elección, el libre arbitrio de retomar los plenos poderes de sus corazones, de acometer la superación de la condición de supervivencia a favor de la Vida


DESCRIPCIÓN DEL FUNCIONAMIENTO DE LOS COMPORTAMIENTOS DEL SPLIT-BABY:

{mosimage}El «Split-Baby» se identifica gracias a ciertos signos:

1. Se disocia de sí mismo para sentir. A partir del momento en que se le comunican sus cualidades o sus capacidades, no puede aceptarlas como verdaderas. De ahí surge una incapacidad de dejar penetrar el amor, incluso el de su madre en el momento de su nacimiento.
2. Durante la exploración de la vida fetal, no sabe describir lo que siente. Habla de lo que ve o piensa.
3. No puede sentir y pensar a la vez.

Este ser no experimenta el amor más que fuera de sí mismo, lo que supone un desfase emocional y afectivo constante con los demás. Ante la imposibilidad de abandonarse emocionalmente en el marco del procedimiento habitual, se enfrenta a la terapia Ro-Hun de una forma mental y racional. Por esta razón no podrá realizarse una auténtica curación antes de la identificación del síndrome.

«El “Split” se percibe con frecuencia como un ser frío, insensible y altivo. En realidad, se trata de una técnica de supervivencia para que su vulnerabilidad enfermiza no se perciba. El “Split” concibe la vulnerabilidad como una debilidad, la prueba manifiesta de su fracaso de integración. Al crecer, será un niño que no conseguirá integrarse en el entorno social, ni en su familia ni en el colegio ni con sus compañeros. Se mantendrá a distancia, observando el mundo desde lejos. Desarrollará una desconfianza más o menos acentuada hacia los demás y hacia sí mismo. Se sentirá incomprendido, eternamente insatisfecho y manifestará la creencia de su incapacidad para alcanzar su objetivo de encarnación fijado inicialmente.

Perfeccionista y desesperadamente trágico, sigue siendo negativo y alarmista. Se mantiene en un estado permanente de frustración, de carencia y de contrariedad, y sus resultados escolares a veces mediocres confirmarán la programación de sus esquemas. Dedica la mayor parte de su tiempo a luchar contra este sufrimiento cuyo origen queda provisionalmente en el olvido, reservándose muy pocas energías para llevar a cabo el resto de sus actividades cotidianas.

No es consciente de las necesidades de su cuerpo, prefiere no cuidarlo o empujarlo a traspasar sus límites. Se quiere tan poco como poco le gusta su envoltura física. Recuerdo doloroso de su desventura. Se muestra a menudo muy disponible y generoso pero con la esperanza de que se le reconozca. Sistemáticamente distanciado de sus emociones, tiene tendencia a rechazarlas. En la relación de pareja, se siente eternamente abandonado, despreciado, ignorado cuando, en realidad, es el autor de su comportamiento. Sus emociones, controladas o ignoradas, terminarán por subirle cíclicamente a la conciencia y podrán hundirlo de manera inoportuna, inesperada, anárquica e incluso violenta».

«La particularidad del “Split” reside en el hecho de que no concibe una existencia sin sufrimiento. Reproduce esta tendencia automáticamente en cada faceta de su vida. Oscila entre un pasado que echa de menos y un futuro que le parece peligroso y sombrío. Ignora el presente. Para curarse, debe empezar a plantearse la posibilidad de otra forma de aprendizaje basada en el aprecio de si mismo y de la vida en la Tierra».

Extracto de «El corazón tiene razones que la razón ignora».

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